Blues stasera al vento

Ámame cielo bajo
temblor de las ramas, ámame
dime cualquier cosa importante
entre las luces de las insignias
y las luces de los amores breves,
viento, tú,
sugiere cualquier cosa a mi cerebro envejecido
donde ramifica el coral
cualquier cosa a mi pecho de algodón
de azúcar - -
y al vientre
que vaciada la concha
murmura el mar.
Viento acaricia estos techos
planos, las cerámicas y los niños en las terrazas, mi
trago, dime
cualquier cosa de amor
no omitas nada
sólo deja atrás los lamentos, pero
todo el resto de la vida
canciones, algarabía de gozo, silencio y majestad,
largos suspiros y aliento entorpecido 
¡propón, viento, propón!

Es la noche justa esta noche,
no perdamos la ocasión de hacer llegar
esta dulce carretilla cargada
hasta lo eterno,
pero mueve
tú esas ruedas, también desde el infierno
un soplo, te lo ruego,
de los tuyos, un soplo…

Un tiempo se prepara voluble
y cruel, treceañeras
se fijan en un video por horas
la luz que sin ardor viene de la red,
seda fugaz en los ojos
sorprendidos hasta sentir una leve
incomodidad por la existencia del dolor
con la boca abierta ven
de cerca e igualmente dentro de ellas
acaecer la muerte. Serán fáciles
presas asustadas para los vendedores que despachan
un mundo perfecto.

Pero tú viento que nadie sabe dónde
dime cualquier cosa bien claro
cualquier cosa que entre en la médula 
espinal y en aquél silencio nativo
sea defendido, veloz,
más del reflejo sobre el vidrio del tren
que captura en la luz mi rostro
un instante como un instante
cualquier cosa más veloz que no ser más nada.

En esta edad del feeling
los escritores más notables llegan 
a las  mismas conclusiones de los publicistas,
y todo está abierto, los museos, los pubs y las iglesias,
y los domingos las salas parlamentarias
para la visita confusa de la gente que le dice
a todo ¡es bonito! pero no sabe
qué es preguntar.
Yo recuerdo
las manos cerradas de mi madre,
los ojos cerrados para siempre de Marta.
Y
que cada cosa tiene un secreto
si no lo preguntas desaparece.

Traeremos hijos
a la luz y los expondremos
también a las tinieblas,
a veces haremos grandes festejos
y gritos de placer o de pena
sin imprimir movimiento
a toda la vida ¿qué hay en la vida?
La oscuridad es sólo la oscuridad
goce es goce, los océanos
en silencio ¿sólo vasto
silencio de océanos?

Pero el fuego claro, febril del día
que desciende entre los árboles
¿quién lo mira? ¿quién es experto 
del aire,
del dolor? 
¿quién 
sigue las líneas de las manos del abedul
y advierte el desamarre de las moléculas,
la noticia minúscula en la crónica 
como cualquier cosa que tiene que ver con su amor?
Dónde están las blasfemias y visiones,
romper las cáscaras de las buenas maneras.
Hacer de sí
una oficina de reclamos
donde se deshojan revistas y está prohibido fumar
no es digno y tampoco de buen gusto

hacer de sí un silencioso, plácido 
acuario no sé si valga la pena,
prefiero al equilibrio el viajar  
sobre lo que queda de un viejo tronco
que en peligro se inclina
persiguiéndola a ella, Moby, bailarina
ballena que tiembla en el centro de los ojos.

Nada es como entrar 
perdido bajo las bóvedas de una catedral.
Decir en voz baja ave María el mundo no termina.
O caminar
hacia el rostro
que no tiene escándalo del mal.

Ah, ¿qué cosas
aferrar sino aquello
de lo cual estamos siempre aferrados?

El simple conocimiento del movimiento
al caminar en la avenidas traficadas,
como el hombre que se detiene en las escaleras
y no se recuerda el motivo,

la sorpresa
de trabajar en el mismo trabajo 
que mueve todas las horas en la creación,
el hilo de las figuras con las cuales se agarran 
los planetas y aquellas sobre la escribanía
dejadas en orden por la secretaria
antes de apagar la luz, y partir.

Ámame cielo bajo, yo lo sé
que el amor siempre sorprende
y siempre trabaja,
lo sé también esta noche en la que algo más 
que este whisky en el vaso termina,
levantando los ojos que tienen fiebre
sobre las luces de una ciudad italiana
que encanta y hiere.
Tú, viento que nadie sabe dónde
continúa y dibuja figuras que no comprendemos
en el movimiento de las nubes
sobre la lumbre débil de la luna,
en la sombra que se refleja en los vidrios de mi casa
en el edificio que tengo al frente.

Y deja que cante en esta noche
un rostro que tiene dolor y gloria
en partes iguales de la  mirada.

Oceano Cucina

I


Habría que decir: lo he logrado,
detenido esta noche
en la mesa de la cocina
mientras aquí alrededor en los miles de apartamentos
como en extrañas galerías suspendidas en el aire
duermen todos
y la lluvia de plata termina en la oscuridad.
Habría que decir:
me las ingenio con el alquiler y le sonrío a mis deudas, pero
qué es todavía este vino luminoso
y  moradosangre que me sale entre los dientes,
las noticias como estrellas terribles en la mente

no se disuelven los fantasmas sentados de amor,
la luz sube, los blanquean,
son los rostros
de mujeres, las manos de harapos, papel maché
y amigos que se voltean en el agua de los años.

Mi amor aún no se ha detenido,
me levanto y salgo a la terraza, el corazón es un puma
sobre las alturas, tengo los ojos de mi hijo,
esta noche es la primera noche del mundo.


II



Habría que decir: lo puedo
lograr.
Pero una vez me detuve
sobre el muelle de Stone Island
en una mañana espléndida, congelado
en el medio de la carrera 
de mi existencia
-y sentí
toda la oscuridad del mar,
el enigma, su respirar

que llega a esta cocina, en una ciudad
italiana, en el silencio desnudo,
y es la vibración de la nevera
que encuentra la misma nota del océano,
la luz del vídeo
encendido para nadie
produce en estas habitaciones un claror del fondo.

Habría que decir: yo lo he 
logrado, pero nunca se ha dicho 
y tampoco sería justo decir
si el infinito un día

y muchos días en una vida
te viene a visitar.

Bailo lentamente con tu sombras. Poesie para el tango

Tango para la bailarina que no baila

Cuando tu danza, entre cielos  e infiernos,
sobre mi pecho se posa
y las rosas azules de tu mirada
buscan en el amor el amor

qué día y qué año están naciendo

zodíaco en el agua que tiembla en el invierno
se está incendiando, refleja
las estrellas mudas, fugaces
inalcanzable sonrisa…

Y cuando tu paso se acerca, sin 
protección  y mi vaso
está indeciso entre la mesa y las manos…

Qué nombre tendré mañana bajo el sombrero
qué nostalgia bajo la lengua
y cuáles mareas acariciarán tu espalda
en el tango que  te acerca
y te aleja…

Quédate conmigo cuando cambie el ritmo, cuando vaya
por otros caminos el cielo, y la ciudad
con el cuello alzado quiera finalmente
mostrarle a alguien sus ojos.

Mi alma encontró un pedazo de espejo
en un patio
y tú eres el invierno con los ojos de abril.






Tango de la distancia

Sostenerse a través de la mirada
en el aire tenso de este tango
no es como enlazar tus caderas 
en el frenesí lunar de  besos
que buscaban convertirse en estrellas- 
sostenerse-
sólo  a través de las luces nacidas
de las manos o de las tinieblas
caída entre los dedos en los días que cambian
no es como la exactitud
de los fuegos a lo largo de las vértebras
cuando adivinabas el paso en el paso-

y sostenerse a través de los nombres no es
como el florecer de todos los nombres
que te daba en los respiros, rosales
que uno en el otro
florecían y morían y florecían…
Pero esta música
que tiene y no tiene patria
y cien mil lámparas de  puertos
nos sostiene en  los ojos
y  el corazón,
Arcos
sabe diseñar
y tejidos de llamas, recuerdos
y promesas

en el ritmo que sostiene todas 
las alegrías y penas.






Tango de tu mirada

Cuando bailas qué veo 
y no veo

a qué te entregas ,
qué perfil de colinas de oro ves quemarse
mi valiosísima 
rosa sobre el hombro que te trae
y te quita el pensamiento de la música

qué mar ves llegar
cuando toma tu circunvolar 
que no se detiene jamás
para convencer al amor y a Dios
de que se queden en este lugar entre  los vasos
y los espejos que persiguen tu rostro
el alma que todavía no conoces…


Tango Argentina Argento

Argentina argento, acá están las lágrimas
por cada amor volado
más allá de las montañas,
por cada rostro  de una madre reclinado
con la última luna de los hijos

argentina argento de las canciones
que en el silencio aclaman
los últimos sueños, y argento
bajo la luna de los tilos

la nieve de las sonrisas jamás dadas

argento el dinero de besos falsos

argentina deseada por los poetas
y  abandonada por los ángeles,  alas

de plata de borracheras echados en los rincones
y mujeres que se voltean y  ya   
se desvanecen
lágrimas sobre las calles vacías, dilatadas
corazones de lata resonantes
del cuál beben los animales  llorosos
felices, con sus lenguas en el agua
vuelven dulce el silencio.






Tango de la timidez

Este es el tango 
que  no tocan jamás,

gesto suspendido, la mano 
en la sombra,
el saludo que desconoces,
el rostro alejado por los reflejos sobre el vidrio 

la muchacha luna entre las nubes
intimidada

el beso que permanece  un pensamiento

el muchacho flor
encerrado en las custodias del cuerpo 

y el vaso suspendido entre labios
y  planetas
Tango del no saber qué hacer,
de la vida aún llena de vida 

tímida rosa de agua
entre los dedos

Tango que no cantan jamás,
para ti que justamente no vas
y ves el mundo girar y no quieres
que cada cosa termine de repente

para ti que eres todo en la nada
de una sonrisa






Tango de la noche

De la noche que no pasa
sobre el músico que ha dejado
de tocar y allí está 
un animal cansado a fumar

noche que no pasa sobre los ojos
abiertos de par en par bajo  lluvias de felicidad
porque la vieron
anidar los milagros y el viento

y que no quiere pasar, noche,
sobre la flor azul del dolor-

noche que no encuentra las palabras
y entonces sin detenerse
habla como un borracho
que no sabe donde está su casa …


y que sobre los besos detenidos no pasa
sobre los árboles del dolor ojos como bandadas
preparadas para volar
si su rostro de alba aparecerá

noche sobre la ciudad en peligro
donde mil  manos suplicantes
no la dejan pasar…






Tango de la mujer del sur

La fuerza perfecta de la muerte
y de la vida entera está en ti
mujer de luz oscura

y el secreto de los ojos ciegos del mar,

tienes el sol custodiado celosamente en el corazón
y el blanco de las noches
en las salas altas del silencio que posees…

Profundo, dulce
rosal de las horas y de su
caída

permaneces cuerpo velado por los reflejos del agua

Oro que grita detrás de cada viaje
casa sin las paredes de tu sonrisa,
beso círculo de fruta silenciosa

mirada que sostiene dioses y visiones
arranca la soledad de mis manos

amor que tienes la curva de los puentes en periferia
sin ti
los labios se aridecen

sin la estrella del sur todas las estrellas,
todas las estrellas dónde terminan….






Tango de las cosas de siempre

Quiero bailar las cosas de siempre, esas  que tienen en común casi todas las personas,
como la sonrisa y los sollozos 
o el lejano sueño dichoso ….
Un viejo llavero o el lápiz
mordido,
el vaso con el nombre
grabado,
una ciudad a la que alguien haya ido,
una cucharilla que refleja la mañana
o una canica de vidrio que hace volar ángeles sobre los muros.
Y una libreta
donde has escrito recuerdos que ya 
se han ido…
Las cosas de siempre como un florero expuesto al sol, la 
ropa sobre las cuerdas para que se seque, un pedazo 
de madera para cortar el pan, 
si es que hay algo 
para cortar…
Y como una naranja o cualquier otra cosa alegre
para pelar, los carteles tristes y útiles
de las estaciones, una cartera vieja. Es el tango
de las cosas de siempre,
donde algo especial
está tan presente, que parece,
si tú no bailas, ausente….

Es el tango de esta noche,
de esta única noche en el mundo-
quién sabe si tú reina 
o  muchachita con el rostro entre las manos
llegas a escucharlo…






Tango de la luna roja

Grande, grandiosa luna que eres un incendio
y subes con el viento más allá de la colina

despoja  el tiempo que hace llorar a aquella niñita
y quémalo, grande,
grandiosa luna
que eres una sorpresa
en la noche tan clara, ilesa…

Roja, gigantesca luna que eres una aparición
entre las ramas y sobre las tierras aradas
agarra los días que hacen pensar a aquella niñita
y  siémbralos, roja, luna gigantesca
tú que eres una reina
en la noche de tela morisca….



Tango de la fatiga

Ya se va como una niña
todo el cansancio del mundo

frente a tu rostro, amor

se aleja como termina la espuma
de la cerveza en un vaso
oscuro de tantas noches
y la pena de los años y la
blasfemia entre dientes
la consumación de la luz en el pecho-
toda la fatiga se va, se aleja,
polvo lunar
de las calles desiertas del rostro
y los campos y las ciudades la bendicen
cuando en el alba la ven convertirse
en árboles.

Tango de Marta

Era una esposa que dormía
sobre la mesa de la casa de  playa
era mi joven tía
que tuvo la dulzura de morir

para que nosotros pudiésemos ver
qué es lo que queda y qué es lo que se va
entre las nubes colmadas del viento del día
y cuando la vida sobre las olas sabe bailar-

Concede este tango, tía muchacha 
mi novia, desde el día de una mirada
de niño. Eras

de algo la esposa, y respirando 
chispeabas como rosa, en la
mente silenciosa. 

Crucé para seguirte
todo el posible dolor de los hombres

vi como se quiebra en el aire un padre

como se cierran las alas frente el rostro
de una madre, las hermanas nunca 
nacidas , y el amor
con sus barcos abandonados en la orilla.

Y no nos separamos jamás. Dime 
que  serás una de las primeras en venir 
a buscarme cuando el respiro

se lo llevará de golpe el mar.





Tango de la luz (o de qué misterio)

De dónde viene ésta luz
que en relámpagos ,  células,
granos duros, desde cuáles  
ventanas o agujeros
cargados de vientos, o de heridas
y más y más-
desde cuáles disparos lunares
o llantos salvajes de las estrellas
que asaltan el tren
y más y más  y  dan 
la soledad de los vidrios
incluso dentro de los ojos- 
De dónde
llega, desde cuáles ciudades que 
pierden el nombre apenas 
se entra en sus calles…


De cuáles campos con arboles
de frutales negros,
vienen las llamas que
arrancan el alma del negro-

de cuáles hornos de pobre
tierra que  recoge  en el vientre
el pan colocado por  manos 
que tiemblan
desde hace siglos sobre la pequeña cabeza de los hijos.

“Luz,luz…” murmura la bailarina
buscando con los ojos donde componer
el cisne cansado del cuerpo

De cuál purpura herida
por los reflejos de lata de la plata
y  sin  inundación blanca de piedra blanca


y de dónde viene toda la bienaventurada 
violencia del día, como “perdón
de lo que hace morir”






Tango de las ciudades italianas

Tenemos la nostalgia que al cruzar
la esquina se convierte
en alegría
tenemos
la luz del sol prodigiosa
que en un instante entre los adioses  de los techos
desaparece
pero regresa espléndida en los ojos
de mujeres que se cubren
con nubes y viñedos.

Tenemos niños entre los pórticos
sombras inventadas por  pintores,

y soledades que lloran desde hace milenios,
un hervidero de plegarias locas 
de coros de pecadores, tenemos

una juventud que no ves de inmediato 
si no tienes ojo de príncipe y bandido.

Somos las ciudades de la patria que no existe,
cada una madre, fortaleza e inexpugnable 
caricia

atravesadas por las palomas, por las visitas lentísimas 
a las tumbas, por los reflejos de las aguas
ciudades perdidas en las nieblas y en las lluvias,
como en las cascadas del sol, tan locas
y sabias.

Cada una baila sola, o concede un paso de danza
a un rey de mirada extranjera

y después abraza de nuevo sólo la propia luz,
lanzando desde torres y ventanas
la pena y el amor en una sola voz

Tango de la prisa

¿ Dónde metiste las horas, mago
astuto y travieso,  dónde 
escondes el tiempo que creía
tener frente a mí y ahora corre
por azules colinas 
detrás de mis hombros, o allá debajo
en el valle verdeoscuro,  entre los huertos
ventosos de la vida?
¿Qué juego de prestigio llevaste a cabo,
qué pudo suceder
con las horas, las estaciones,
las eras?

Mago, querubín, o plumada ave
de rapiña, siempre te entretenías
conmigo al cambiar la noche
por el día, al llamar a la oscuridad
dentro del mediodía , y al quitar  
muchas horas del medio...

Ahora tengo paciencia o voy de prisa, da lo mismo,
yo sé que nadie,
te puede engañar, y correr, ves,
es como bailar
no hay angustia, me gusta el aire en el aire
respirar






Tango del abandono

Bailo lentamente con tus sombras,
no respiro,

vienen desde todos las esquinas de la habitación 
y desde todas las esquinas del mundo, sólo un paso de baile
con alguna de ellas
y lloro y admiro
tu rostro que velado 
me lo quitan…

Tango de mi alma que ríe
aún cuando  ya no te ve
y cede arrodillado al curso
lento, tan lento
del baile que dibujo solo…

O no es soledad la luz que en silencio
deflagra blanquísima y ciega,
no vuelve el alma amarga, la invita
extrema ala de ángeles fugitivos
en tu mirada la invita a seguir siendo
alma.

pacientísima, e incendiada, 
siempre alma, aurora






Tango de Borgonovo

Dices: cada mañana tengo que aterrizar lentamente
del sueño en el que soy otro en las manos
que me atan todavía un día más en la cama, cada
mañana me tengo que acordar de quién soy…

y dónde se ralentizó y luego se detuvo la carrera  
hasta perder el aliento, después del gol  o qué era
lo que me llevó hasta acá dónde nada
se mueve de mí y la lámina de los días

grabo con los ojos…
Mi mujer
tiene nombre francés y sabe arañar
está viendo cómo me reduzco pero yo en su mirada
me vuelvo  invencible 
y cada estadio de fantasmas  aún puedo 
atravesar.

Me llamo
igual que un  capitán medieval,
Borgonovo jugador de fútbol
pero ahora los campeones ,mis compañeros 
que en el campo corría y abrazaba
siguen siendo muchachos, dulces y elegantes en la puerta
y no saben qué decir.

Qué decir lo aprendí yo, noche
tras noche como un niño
asustado entre  los lobos, mirando
con  ojos desmesuradamente abiertos clavados en el silencio
la boca de Dios
que sopla y hace resonar los bosques, dibuja
las nubes, y en los desiertos hace latir las piedras,
destroza planetas en la nada, y alza hinchas
para mí.



Pero tengo un sueño, dices. Una mañana levantarme
e  ir-no muy lejos, allá
al cuarto de mis hijas:
poderlas yo, sólo una vez, despertar…
-Stefano Borgonovo, campión de Fútbol de serie A, perteneciente a la Nacional Italiana, abatido por  Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), al final de su carrera.






Tango susurrado
I
Y ahora el amor es el deseo
de decir el mundo
los labios acercando tu rostro
o sol, lejanas
en el aire del: siempre que tú  estés,
decirte

las cosas como la luna 
que florece ilesa después de las nubes
de los aguaceros, decirte
la guija, blanca o los faros
de los semáforos alegres  de noche a nadie
alumbran, decirte allí está
Cervia, ¿lo sabes? el dibujo cansado
de la mano, el vino, el hocico 
de la liebre, la oscura intransitable
colina, están los nombres 
de los amigos, las flores en el centro de la noche, 
las verjas altas como sueños
infelices, los bolígrafos reencontrados
en las chaquetas, el abrazo entre las montañas.

Es: está la pulsera bajo el puño
la ofrenda de las cosas, las inútiles
las más fútiles en su fiesta, decírtelas 
como mantra o secreta ceremonia: árboles,
cabellos, vidrios abiertos de par en par, una cesta, el silencio de las sillas, claras piedras alineadas,  
señales hacia el cielo a los aviadores
o a los arcángeles, que abren 
el día con las alas
decirte allí está
la pequeñísima hierba, el juguete roto
en la calle Rizzoli, la soledad
de los frescos, la lágrima que se parece
a la gloria, y
un regalo que te espera, en cada
paso, cada respiro, en cada parpadeo
de  ojos…






Tango susurrado
II
Cuando Italia se transforma en tropical, y las piedras
mojadas resplandecen en el sol de los aguaceros,
los cabellos de las muchachas parecen dibujados
sobre las frentes y los vestidos felices de agua,
cuando se rompen las nubes del corazón y  la de los cielos 
cantando,
y no funciona el gobierno,
los autobuses desaceleran, no funciona más
el tiempo, sólo funciona
la lluvia y las señales de lo eterno
y las golondrinas, las golondrinas
esperan en los antiguos muros perforados
como los besos en el corazón, cuando
las lluvias iluminan de plata las plazas
y tú sales con el paraguas de hoja de periódico –

verte es vivir y morir a la vez, es
todo lo que tengo que hacer
en los días de vida o como llamar
esta fiesta dolorosa y confidente,
verte mientras gesticulas al teléfono frente
a una de las bellas fachadas
de una ciudad italiana preciosa, rara
que corre  peligro de desvanecerse  -
ve cómo el cielo se despeja
y las golondrinas vuelan exactas-
y enloquecidas de luz-
sostenme
cuando llega la noche 
de todas las noches
y con los ojos heridos de dura
infantil felicidad
se busca el día en el día-
no tengo miedo
de tu belleza
que  me quemará enteramente,
de su gesto digno
que en mí se convierte en aguacero
y árboles,  suspensión de cantos, ciudad…






Tango de la sonrisa
Hoja, o dulce  luminosa
espada ,
bosque,  o de luz prodigiosa
rada

clara risa de onda quién sabe desde dónde
remonta-

cuando sonríes amor en la danza que nos une 
y separa
en este giro tan cuerpo a cuerpo que el alma
prepara
no veo cómo la muerte cierra todas sus mil
puertas, no veo en los días 
el cielo alejarse con los globos  aerostáticos

sino que veo todos los posibles regresos, cuando ríes
luz que en un giro de tango te esculpes


y la resurrección que inicia
entre mi respiro
y el tuyo.

A Battista

Llegas mientras hay más desorden, los días
volando altísimos y veloces, aquí
las voces, discursos y gritos
en el medio 
hay trabajos, puntajes
sobre los sentimientos, las gruas
inmensas del día
se mueven en los cuerpos, el vaivén
el salir de las mujeres, y su reflejo 
en las vitrinas.
Giran silenciosos ojos de ciclones
máquinas para la cal
de mi alma - ah, su restauración.
Ella 
probablemente no me soporta más
cada mañana está cansada y bella
no rige mi corazón libélula o dinosaurio
pero yo estoy seguro que es mi puesto
como el paso que ahora alargo
en la noche, lentamente
en la plaza desierta.
Pero ven aquí Batís, ven
eres uno que llega
a la fiesta comenzada e inquiere
qué se bebe aquí, qué se ofrece 
y llevas la gran tempestad
en tu pequeño cuerpo,
necesito verte,
al mismo modo de calmar con el dorso 
de la mano
el ardor de los labios
y de ver la luna que se quema
blanca en la extensión de los cielos

siente hijo siente
el aire que de noche
se desborda por las calles estrechas de Bolonia.
Ven a tocar los escombros del mundo
y las ramas de la oscuridad
con tus ojos de agua

avanza Batìs nuevo ignoto pintor
rompe de nuevo
con las reglas del mirar.
 

Agustín y el riesgo de la belleza

El primer recuerdo de Agustín no sé por qué lo relaciono con la cama de mi madre. 
Tal vez porque tumbado allí leí unas pocas páginas por primera vez. Fue en aquella cama de mis padres en la que escribí mis primeros versos a los 8 años. Y luego, no sé por qué, también veo a Agustín relacionado con aquella cama de mis “progenitores”.
Por supuesto, lo volví a encontrar no solo por motivos de estudio -en la universidad, la maravillosa, muy divertida y sabia profesora Manferdini que llegaba a clase con las bolsas de las compras y siempre con nuevas emociones leyendo a su filósofo y amante- pero sobre todo lo que he visto brillar y murmurar detrás de las páginas de algunos poetas maestros y amigos míos. La primera colección de Luzi, por ejemplo, se titula "El barco" y aquella visión estupefacta y dolorida del joven poeta que lucha con el tiempo y el misterio del viviente era tejida completamente por un diálogo no solo metafórico con el Inquieto de Hipona. Aquel  diálogo ha continuado durante mucho tiempo en la persona de Luzi, y de alguna manera también me incluía a mí, que he caminado detrás del apacible raptor florentino. Además de su presencia en las lecciones brasileñas y en las páginas extraídas, nerviosas y ardidas de  Ungaretti. 
El amor hacia Petrarca, inconmensurable y vertical, hacia un Petrarca "duro", tan fuerte en Ungaretti, ¿acaso no vibra de aquel encanto que el alma llena de nostalgia de Agustín ejerce sobre el poeta que dijo ser hombre de penas y nómada? La vida es nostalgia, cantaba con las palabras talladas en el abismo el poeta de "Los ríos". 
Y T. S. Eliot, en su conmovedor y muy preciso conocimiento y poetización en los Cuatro Cuartetos y antes, incluso antes de La tierra baldía, en aquella investigación sobre el misterio del tiempo, febril y leve, remonta hasta invocar "que el fuego y la rosa sean una sola cosa", tal vez le está gritando algo a Agustín, desde las primeras terribles y animadas décadas del novecientos. 
Cada poeta que ha entrado en el misterio del verso y de la sintuosa y oscura relación con el tiempo, ha encontrado la luminosa sombra de Agustín con la que hablar. Montale y Leopardi. O tal vez al contrario, con un juego de azar no tan arriesgado, dado el tema, la poesía, que analizamos, se puede decir que él, Agustín, se ha colocado en una intersección, por donde inevitablemente pasan los poetas. 
Él ha intentado aquel diálogo. Y lo ha intentado, hay que decirlo, porque los temas que lo han ocupado concernían nada menos que la salud de su alma como hombre y cristiano. No podía evitar de hallar el problema de la poesía. El pie, el paso, el verso del poema es siempre interesante para aquellos que buscan el camino de la vida. 
De la reflexión de Agustín, un elemento que inmediatamente me ha llamado la atención es que esta irradia sin nunca perder calor de aquel sol primario del punto dramático de su investigación y de su asunto personal. La experiencia estética y su comprensión no solo eran ejercicios de un buen orador como lo era él. Sino que la forma con la que entender aquel “carme universalis”, que es la sola armonía digna del corazón humano, de sus profundidades abismales, y de sus espasmos. Al igual que muchos grandes autores, Agustín se destaca inmensamente, es casi terrible en su vasto y áspero pensamiento y en cierto sentido, al mismo tiempo, es familiar y cercano. 
De un amigo poeta francés, Jean Pierre Lemaire, me encantan un par de versos que se refieren a la tensión de Agustín: "Hay una música en el mundo / pero si no cantas no la puedes oír." Aquel canto, por lo tanto, ¿nos permite la escucha? 

Para Agustín, la facultad de percibir el "carme universalis" estaba vinculada a la necesidad de no estar atado a un placer inferior. Como alguien que se conforma. Y Agustín no era el tipo. Sin tener en cuenta esta búsqueda de satisfacción cada vez más lejana, la obstinada reflexión sobre el ritmo, sobre el arte compositiva y, en general, la reflexión que hoy en día llamamos la estética de Agustín, no se entiende. 
Las así llamadas artes liberales son los “escalones seguros” como dice en las Retractationes, para llegar a las realidades incorporales a partir de las cosas corporales. El arte es una "scientia" para reunirse con lo Único. Por lo tanto, un asunto demasiado importante. Pararse en la "necesidad" de las artes liberales es un signo de debilidad. Es una profecía, por así decirlo, de la situación en la que vivimos: necesitamos las artes liberales, pero alejadas de su tarea de introducir una "scientia" de lo invisibile (la que buscaban Rafael y Leonardo, Miguel Ángel o Lorenzo Lotto, o los pintores de  iconos), las artes se convierten en entretenimiento para gente culta, en ironía de sí mismas, obligadas a una provocación continua, dedicada a incitar la conciencia social o a producir "ludus" en las zonas ricas del planeta. 
El "numerus" en el De Musica, al que Agustín dedica páginas extensa y eruditas, es un término que se traduce con: ritmo, número, música. La sensación que nos ofrece el sonido es el comienzo de un viaje. Un amanecer del pensamiento, habría dicho María Zambrano, lectora atenta de Agustín y de su confesión como género literario. Y Von Balthasar lee la belleza de los "estilos laicales" de Dante a Péguy, atento a sorprender la constante referencia, -no solo como contacto sino también como superación- en las grandes obras de Dante Alighieri a Péguy. 
La belleza, para Agustín, es siempre una experiencia sensible. El opuesto del orden es la nada. El mal es como un particular feo en una obra. También depende del hecho de que nosotros vemos la vida como un mosaico desde una distancia demasiado cercana, se nos escapa la visión de conjunto. Que solo Dios puede ver, y por lo tanto sufrimos esta limitación. El mundo es como una obra de arte, como lo sugiere el Libro de la Sabiduría: "Omnia in numero, mensura, pondere disposuisti". Baudelaire pensaba lo mismo. 
La experiencia de la belleza, Agustín lo sabía, es el sitio de un riesgo. 
Sus oscuras vacilaciones sobre el canto en las liturgias -sin embargo amaba a Ambrosio- son el signo interior de esta conciencia interior. 
El "teatro" de la capacidad humana puede ocultar la evidencia de la belleza, obra de Dios, incluso distraer de la tensión al Uno. La belleza abre y encamina el drama de la libertad. Un drama que tiene campo en toda la altura humana: sentidos, razón, memoria. Y él, escarpado hombre y resistente converso, habría decidido que no, que tampoco en la Iglesia es coherente un hermoso canto humano. No se debe hacer teatro de cantos en el lugar donde el protagonista es Dios. Para Ambrosio, autor de himnos, era como escribir un "credo en versos" que derivaba de la meditación de los Salmos. 
Agustín no lo consideraba aceptable. Se corría el riesgo que el "melos" resultara más importante que la realidad de la oración y de los sacramentos. Y que la Iglesia se convirtiera en un escenario de ritos mágicos. 
Él, estudioso de retórica, admiraba a los escritores. Pero dice que no le llama la atención lo que los escritores cristianos tienen en común con los paganos. No es la elocuencia lo que le conmueve, sino lo que dicen los cristianos. Y se espera que la elocuencia surja como "hermana, aunque no llamada” desde el pecho-es decir, de la vida- del autor. Una elocuencia templada puede producir deleite, pero el propósito de tal elocuencia es la persuasión y no el deleite. 
La hermana no llamada. Agustín al final de los análisis estilísticos mesurados sobre el estilo de Pablo y de Jerónimo concluye prefiriendo el estilo sencillo, "desnudo". La alabanza sea a cargo de la vida y de los hechos. Está persiguiendo con todos los medios la complacencia, la manera. El estilo de vida vacío. Sin embargo, mientras que su madre muere, el recuerdo de los cantos escuchados en Milán es dulce para su corazón abatido. Algo de bueno hay en aquellas canciones que había condenado. La experiencia triunfa sobre la filosofía. 
Además de la experiencia personal en ocasión de la muerte de Mónica, será la experiencia pastoral la que mitigará en Agustín la "condena" de la belleza en los cantos. Reconoce que su experiencia y la de la gente son similares. 
En el libro central y enfervorizado del De Musica, el VI, no es casual que Agustín reflexione sobre cómo es posible que una experiencia sensorial, física, corporal, ofrezca algo bueno al alma que es superior. Pero esta alma está "herida". El alma, aunque es superior, sigue siendo marcada por el pecado original. Y añade, en un maravilloso reconocimiento de valor para el cuerpo, que tal herida del alma "no merecía quedarse sin el honor de una cierta belleza". Belleza que proviene de una experiencia del cuerpo. 
Los ritmos, por lo tanto, no son los que manchan el alma, no es el escuchar el lugar inevitable del pecado. El cuerpo escucha, pero el alma ofrece las pasiones. Por lo tanto, puede ser un acto de la voluntas, para los antiguos sitio de cualquier paso decisivo del espíritu humano, un amor dirigido hacia la belleza inferior lo que mancha el alma. Sabe que está tratando temas oscuros. Difíciles. Hay San Pablo que lo ve en el fondo. Él mismo pone las manos adelante. La Sabiduría lo ha advertido: "he vagado para buscar y conocer la sabiduría y el ritmo" 
Se vaga, se arriesga. 
Agustín conoce aquello sobre lo cual durante siglos debatirán los padres fundadores, desde Guillermo de Thierry hasta Abelardo: entre  saber y amar hay una relación no automática. Hay la libertad en el medio. La experiencia de la belleza exalta y excita este drama. Es el campo, habría dicho más tarde un agustiniano como Dostoyevski, en el quien Dios y el Diablo se disputan el alma. Las augustas cabezas de Guillermo de Thierry, de Abelardo, de Bernardo de Clairvaux debatirán y discutirán entre ellos sobre este problema. No es una coincidencia que, mientras estos discutieran si amar es conocer a Dios, nazca en sus mismos años y territorios la poesía provenzal, como contrapunto (y no como una herejía, como dicen algunos) del mismo problema. Aquí se trata de amar y de conocer a la mujer. 
Nace la gran época de la poesía que Dante  logrará y con gran futuro, a través de su viaje de amor y de conocimiento gracias al milagro de la presencia de Beatriz en su vida. Dante es un gran lector de San Agustín, aunque en la Comedia su diálogo con el filósofo es casi mudo. Aquel conversar de ellos se construye en grandes arquetipos: la división tripartita del viaje, la presencia de tres fieras, la diferencia en la lectura del papel que desenvuelve Roma, el movimiento entre el signo y el significado similar al movimiento entre el deseo y la realización, la ejemplaridad del viaje de Ulises, y otras cosas puestas a la luz por grandes lectores como Bob Hollander. Ciertamente está en diálogo con Agustín un viajero que, como Dante, sabe que la filosofía no es suficiente para salvar la vida de un hombre. No es por la vía filosófica que el hombre llega a la verdad. María Zambrano ve en Agustín a uno de los pocos en que la filosofía y la vida superan la divergencia  impuesta por Rousseau. En Dante, el poetizar y el conocer son el mismo movimiento. Pero el poetizar, de hecho, es muy diferente del filosofar. Es una experiencia del ritmo. Una filosofía percibida, diría Eliot. 
La poesía está realmente afectada por el deseo de significado. 

Dios es un gran ritmo. 
Es el primer ritmo. Un pensador de grandes síntesis, Lanza del Vasto, proponía este tipo de traducción del principio del Evangelio de Juan: en principio era la danza. ¿Qué movimiento de la libertad como amor y conocimiento es necesario para participar en el movimiento del ser? En las Enarrationes, Agustín llega a ver la imagen de Jesús en la Pasión como la belleza que conoce también el horror. Él sabe que allí, en la pasión encarnada del más hermoso entre los nacidos de mujer, se juega la misteriosa partida entre el conocimiento y el amor en la atracción de la belleza. ¿Que la belleza se conoce en aquel sacrificio? ¿Qué partido se lleva a cabo allí, en aquel cuerpo muy real, entre la belleza como Unidad, el ritmo y el desmembramiento de la crucifixión? Como si aquellos brazos abiertos, los amados brazos abiertos de Jesús en la cruz fueran los tirantes de una unión imposible de acoger en nuestra alma herida. Como si aquella cruz fuera la nota que  faltaba para coger el ritmo del “carme  universalis”. La nota llena de dolor y llena de promesas de eternidad, antes de la cual cada filosofía baja la cabeza, como frente a una verdad que no se podía ni siquiera imaginar de lejos, antes de la cual se lagrimea y se sonríe ...

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